Las stablecoins globales no se han puesto a prueba en una crisis grave ni en una insolvencia, y las normas nacionales que las cubren tampoco. Un supervisor, por sí solo, quizá no pueda ver ni atender del todo las vulnerabilidades transfronterizas. La advertencia está en una nota del Consejo de Estabilidad Financiera (FSB).

Qué cuenta el FSB como global

Para el FSB, una stablecoin global llega a más de un país y podría pesar en la estabilidad financiera de uno o de varios: como pago, como reserva de valor o por lazos con otros mercados. Las empresas detrás forman un esquema de stablecoin global, y más de una autoridad puede vigilarlas.

Hacia mediados de 2026 el valor conjunto era de unos 300 mil millones de dólares, casi sin cambio frente al año anterior. Las monedas vinculadas al dólar estadounidense eran el 99 por ciento de ese valor. La nota se apoya en las recomendaciones de alto nivel de 2023 sobre reglas, supervisión y vigilancia, y en la revisión entre pares de 2025 sobre su aplicación. El trabajo del FSB no es vinculante ni genera derechos u obligaciones legales.

Mercado toda la noche, reservas quietas

Hoy dan liquidez sobre todo en los mercados cripto. En algunas economías emergentes y en desarrollo también pueden guardar valor y ampliar el acceso al financiamiento.

A diferencia de un banco, que conoce a sus depositantes, el emisor quizá no sepa quién tiene sus monedas, dónde vive ni dónde se concentrarán los reembolsos, porque los tokens son seudónimos y circulan a toda hora. Parte de lo que debe puede quedar fuera de su vista. Ese mismo alcance también es parte de lo que las hace potencialmente útiles.

Las reservas y la protección legal, en cambio, pueden seguir ancladas, al menos en parte, en ciertos países, y el reembolso en moneda corriente depende del horario de los mercados y, cada vez más, de las normas de supervisión. En una crisis, operar a toda hora podría acelerar las ventas y presionar la paridad si los reembolsos no dan abasto, aunque un mercado profundo y líquido también podría ayudar a sostener el precio. Una corrida podría extenderse a las finanzas tradicionales por ventas forzadas de reservas, retiros bancarios, pagos que dependen de la moneda y el mercado de divisas.

Emisores hermanos, reservas aparte

En algunos grupos, varias empresas afiliadas comparten la obligación de reembolsar una misma moneda, pero cada una guarda sus propias reservas. Como el tenedor podría cobrar en cualquiera de ellas, los pedidos podrían concentrarse en una sola, y los traslados de reservas y las operaciones de mercado que deberían equilibrar esos flujos pueden fallar en una crisis. Si no se puede ubicar a algunos tenedores, quizá no quede claro quién debe qué.

Lo transfronterizo puede agravar los desajustes de liquidez, el riesgo de corrida y la fragilidad operativa, y una insolvencia plantearía dudas legales y operativas. La cantidad y la calidad de las reservas, y el régimen de supervisión, siguen siendo decisivas; tener reservas menos líquidas o de peor calidad en países que no aplican las recomendaciones de 2023 puede empeorar el problema. Tampoco es siempre fácil saber qué régimen de insolvencia se aplicaría. En las economías emergentes y en desarrollo, la sustitución de la moneda local, la salida de depósitos de los bancos y la dificultad para gestionar los flujos de capital pueden volver sistémica una stablecoin con un nivel de uso menor.

Normas que no se encuentran

En muchos países todavía no está claro, o no quedó escrito, cómo interactúan las normas de un país con las de otro, incluido el trato a las monedas emitidas en el exterior. Esa interacción contribuyó a crear estructuras transfronterizas complejas y espacio para el arbitraje regulatorio. Algunos emisores eligen jurisdicciones con poca regulación, o sin ella.

Un esquema puede pasar por varias empresas y varios regímenes. Eso puede complicar la vigilancia, el manejo de una crisis, saber quién responde y la cooperación. Una carta del presidente del FSB, Andrew Bailey, añade que esas herramientas entre países siguen inmaduras o, en algunos lugares, todavía no existen.

La nota lo resume así, en inglés:

«Las stablecoins globales y los marcos regulatorios nacionales siguen sin haberse puesto a prueba en una crisis grave ni en una insolvencia».

Muchos datos, difíciles de usar

El análisis apoya vigilar profundidad, liquidez y estructura del mercado secundario, y el país de tenencias, reembolsos y reservas, sobre todo si varios emisores comparten la moneda. Tres líneas de las recomendaciones de 2023 todavía pueden merecer tiempo: vigilar mejor lo transfronterizo, ayudar a compartir datos y a cooperar, y reunir información sobre planes ante dificultades graves o quiebra.

El FSB aclara que no es una evaluación completa de los datos que necesitan los supervisores. Algunos límites son estructurales: las cadenas de bloques públicas son seudónimas, y es probable que sigan así salvo un cambio importante en el ecosistema cripto. Las autoridades dependen sobre todo de recopiladores privados, lo que amplía el acceso pero trae riesgos de comparabilidad y credibilidad, y atribuir la actividad a un país o a un uso suele ser imposible. Aun así, la disponibilidad de datos mejoró mucho y, si sigue así, algunas brechas podrían reducirse.

Antes de la reunión del G20

Bailey, que también es gobernador del Banco de Inglaterra, presentó el trabajo del FSB en una carta fechada el 8 de octubre y publicada por el FSB el 12 de octubre, junto con la nota. Los ministros de Finanzas y los gobernadores de bancos centrales del G20 se reunirán el 15 de octubre.

«Los esquemas de stablecoins globales son transfronterizos por naturaleza, pero las normas nacionales toman forma a velocidades distintas y la cooperación transfronteriza en este campo todavía está en sus inicios», escribió.

Añadió que siguen muy presentes cuando se habla de fraude y de delito financiero, sobre todo desde jurisdicciones con poca regulación, y que eso puede afectar la estabilidad financiera. Quiere reglas con ese fin bien claro y que funcionen juntas en el mundo. La nota debería ayudar, escribió.

«Facilitar una mayor coherencia en los resultados, en línea con las recomendaciones del FSB de 2023, es un paso necesario para el objetivo de permitir un uso seguro de las stablecoins entre países».

La carta también presenta otros informes que pidió la presidencia estadounidense del G20: una caja de herramientas de inteligencia artificial, una revisión de los mecanismos públicos de financiación temporal y de último recurso para bancos en resolución, una consulta de supervisión que se finalizará en 2027, y cómo el FSB redacta sus políticas.

Este artículo no es consejo de inversión.